jueves, 10 de julio de 2008

Bastardo...

El puñado de monedas era algo más que un puñado porque no le cabían todas a la vez en la mano y notaba el bolsillo hinchado y como gritando a los niños mayores que le pegaran para quitarle el dinero. Pero sabía que podía llegar a casa él solo y darle el dinero a su madre. Y con miedo nunca seria nadie.

Asomó la cabeza al callejón. Ni rastro de los chicos. Salió a la noche y corrió por las calles oscuras de la ciudad.

Martha no le dio mayor importancia a la desaparición del bastardo. Bastante tenía con sus otros cinco hijos.

miércoles, 9 de julio de 2008

El cartero en el bar

Ya se había quedado sin cartas que repartir y sólo eran poco más de las diez y media de la mañana. Se metió en una cafetería y pidió un zumo de naranja. Mientras se lo exprimían se acercó a la máquina de tabaco y metió unas monedas. Pulsó un botón. Producto agotado. Pulsó el de al lado. Producto agotado. A ver si de otra marca. Producto agotado. Metió otras pocas monedas y sacó un paquete de rubio.

Se bebió el cigarro mientras se fumaba el zumo. No le supieron bien ninguna de las cosas. No tenía dinero para un bocadillo y el del bar no fiaba ni a su hermano siamés -si lo tuviera-. Menuda puta mierda de día. Y a ver cómo se tomaba el jefe que le hubieran robado la moto de reparto.

Papá...

¡No, no, no y no!

Un portazo. Suena la llave.

lunes, 7 de julio de 2008

Observando la naturaleza

Nadie más parecía fijarse en los minúsculos gusanitos que se movían con espasmos por el charco. El resto de los niños jugaba a tirarse piedras, correr, agarrarse de la ropa y subirse a los árboles. Era fascinante observar la cantidad de animalitos que podía uno encontrarse cuando miraba lugares a los que no solía hacer caso.

Y encima, si no se levantaba, no le volvían a tirar al suelo.

Amplitud de miras española

Era algo tan absurdo, tan fuera de lugar, que ni se molestó en prestarle atención por más de unos instantes. Tenía cosas mucho más importantes que hacer -como, por ejemplo, sobrevivir- que prestarles atención a sus alucinaciones. Aún le quedaba un trozo de pan, un pedazo de queso curado y media bota de vino. Si seguía andando pronto se acabaría la arena y encontraría una venta donde refrescarse.

Los bereberes que recogieron el cuerpo se preguntaban asombrados cómo podía haber muerto de sed alguien que llevaba merodeando por los alrededores del oasis los dos últimos días.

domingo, 6 de julio de 2008

Lejos

La vista desde la cima era sobrecogedora. Estaba seguro de que pocos hombres habían llegado tan lejos. Montañas, montes, lomas se extendían ondulantes hacia el horizonte donde ardía el sol y no se veía rastro alguno de la civilización.

Tenía que haber hecho caso a su instinto y haber cogido el camino de la derecha.

viernes, 4 de julio de 2008

Científico genial

El joven Einstein descubrió bien pronto que el camino más corto entre dos puntos no era la línea recta. Era la curva en la que se cayó de la bici y se hizo la brecha.

jueves, 3 de julio de 2008

Autobiografía de un enfermo de SFC

Llega el otoño en primavera.

Duro

Trescientos veintiocho eran los caídos por el bando A en su pueblo. Doscientos cuatro los del bando B. Todas las familias salvo catorce habían perdido a al menos uno de los suyos. Y él sólo era un pobre sacristán.

A veces le resultaba duro seguir la pantomima.

miércoles, 2 de julio de 2008

Menudas bolsas

No le hacía mucha gracia subir en ascensor para un solo piso pero es que las bolsas la estaban matando. Entró en casa y fue directa al baño. Abrió el botiquín, sacó la pomada y se la echó con cuidado de no meterse el dedo en el ojo.

A ver si se le pasaba pronto la irritación, porque con las bolsas así no podía ponerse las gafas.