domingo, 20 de julio de 2008

En el mercadillo

Esos tres plátanos eran los mejores que había podido encontrar en el mercadillo. O no quedaban en los puestos o estaban demasiado verdes. Y encima no soportaba el barullo de toda esa gente empujando y pegando voces. Así que, en vez de llevarse un buen racimo tuvo que conformarse con coger sólo tres plátanos y pasar de otras frutas. Lo justo para matar el hambre hasta la noche. Por ella, ahí no volvía.

Era jodida la vida de un chimpancé fugitivo del zoo.


En secreto

Esa mujer le volvía loco. Tenía unas manos increíbles. Cada vez que charlando distraídamente en el bar, sin que se diera cuenta su marido, le guiñaba un ojo, sentía un escalofrío de placer pensando en lo que vendría después.

Sólo se veían durante la quincena en la que ambos coincidían en el pueblo pero él esperaba con ansia todo el año esos meses mágicos en los que ambos se decían secretos sin palabras y sus pensamientos y sus actos se fundían en un solo ser. Estaban hechos uno para el otro y, aunque los dos tenían su vida resuelta, a menudo fantaseaban sobre cómo sería dejar de lado los prejuicios y estar juntos todo el año.

Este verano, seguramente, volverían a ganar el campeonato de mus.

sábado, 19 de julio de 2008

Lentejas

Las lentejas riquísimas, aunque había alguna que otra un poco pasada y estropeaba el sabor de toda la cucharada si no se daba cuenta y la masticaba. El resto de los ingredientes eran excelentes, y era una pena dejar de disfrutar de esa comida casera y ese paisaje por culpa de unas diminutas legumbres. Apartó con la cuchara aquellas lentejas que veía un poco más oscuras y siguió comiendo. Y, la verdad, es que fuera hacía un día espléndido: soleado y el aire fresco y limpio que dejaba ver las montañas tan nítidas que parecían estar a un tiro de piedra.

En días así sí que le daba pena estar en la cárcel.

viernes, 18 de julio de 2008

Asertiva

Qué demonios, esta vez se iba a enterar el del bar. Estaba hasta los ovarios de que el maleducado ese le pusiera el café medio frío y encima le cobrara más de lo que ella creía que era el precio real. Vale que fuese centroamericana pero eso no le daba derecho al camarero a tratarla así.

Hoy no se trajo comida de casa. Iría al bar, pediría un bocadillo y un café y, cuando le dijeran la cuenta, comprobaría los precios con la lista sellada y si algo no le gustaba exigiría una hoja de reclamaciones. Vaya si se iban a enterar.

Le sudaban las manos de la tensión y, mientras cruzaba el parque, ensayaba mentalmente lo que haría según la reacción del camarero. Esperó a que el semáforo se pusiera en verde para peatones y cruzó hacia la bocacalle. Sonreía. Torció a la derecha.

Cerramos los lunes.

jueves, 17 de julio de 2008

Putos yonkis

Tenía la ropa salpicada de sangre. De la suya o de la del otro. Seguramente más del otro que suya. Del hijo de puta que le había atracado a punta de navaja un cuarto de hora antes.

Corría a ciegas por el descampado. Era una noche sin luna y las estrellas no iluminaban lo suficiente. Se lo había cargado al yonki ese fijo, porque después de caer al suelo, se quedó completamente quieto y ni gimió cuando le dio una patada. Después le cogió la jeringuilla y salió corriendo. Aunque no se oían gritos desde los chabolos no se atrevió a parar hasta que tropezó y cayó de bruces al suelo. Le ardían las manos y sentía un dolor sordo en un codo y ambas rodillas pero no parecía haberse roto nada. Respiró hondo varias veces y poco a poco se pudo poner a gatas. Luego se incorporó. Se tocó el rostro con las palmas de las manos. Las dos sangraban y le escocían. Se sacó el mechero e iluminó el suelo hasta dar con la jeringuilla. La encontró enseguida. Trató de correr otra vez pero el dolor sólo le dejaba andar.

Se sentía muy débil cuando llegó a las vías del tren, le temblaban las manos. A pocos cientos de metros estaba el apeadero de cercanías y los seguratas estarían viendo el partido. Sólo tenía que aguantar un poco más y por fin podría chutarse.

Llegó al extremo del andén, iluminado por la poca luz amarilla que escapaba de las farola del centro del apeadero. Se sentó en el banco de hormigón y cogió la jeringuilla. No tenía aguja. Buscó en los bolsillos, se levantó y dos pasos después cayó inconsciente.

Cuando abrió los ojos en la UVI móvil lo segundo que le preguntaron los del SAMUR después de su nombre -Jorge- era por qué no se había inyectado la insulina.

miércoles, 16 de julio de 2008

Tonto

Las palomas se cagaban en todos los alféizares del monasterio y estaba hasta las narices de pasarse todas las mañanas de los domingos limpiándolos. Y el ruido que armaban para pelearse o cortejarse era espantoso. Sin embargo, desde las mismas ventanas, solía quedarse durante largo rato observando a los cuervos lanzarse sobre los topillos, insectos y otras alimañas que pululaban por los alrededores de los cultivos. Claro que él era sólo un mozo tonto -se encargaban de recordárselo a la mínima ocasión los sacerdotes-, pero seguía sin entender por qué siempre ponían una paloma revoloteando sobre el señor de la cruz.

martes, 15 de julio de 2008

Milagro

La fuerte tormenta había conseguido arrastrarla hacia el mar y, aunque ella no podía sentirlo, de algún modo lo sabía. El mar se la llevaba consigo, lejos de la tierra que la había visto nacer y, muy probablemente, moriría ahogada y desaparecería devorada bajo las aguas.

Y, sin embargo, era una de las pocas afortunadas a quienes la suerte había sonreído. Yacía sobre la arena de la playa de alguna pequeña isla. La lluvia suave que limpiaba el salitre de su cuerpo también consiguió que despertara y clavó sus dedos en la arena para ponerse de pie.

Años después sería un hermoso cocotero.

lunes, 14 de julio de 2008

Pesadumbre

Ahora que lo pensaba, hacía bastante que no veía a José. ¿Cuándo fue la última vez que se tomó con él una cervecita? Pues... si no hacía un año, poco le faltaría, porque aquel día nevaba y ahora mismo estaban las calles de nuevo llenas de luminosos y guirnaldas incitando a comprar montones de cosas para ser feliz y querer a los tuyos. Desde que dejó los estudios de filosofía se había vuelto un amargado. O quizá es que por estudiar filosofía se había amargado y había dejado de estudiar. De cualquier manera, no se sentía bien en su día a día y a cada momento le asqueaba más el mundo. Y, encima, le quedaba el regustillo de no saberse ni original. Que todo el mundo se quejaba de las cosas y sabía mucho de los tejemanejes de políticos y masones pero a la hora de la verdad seguían siendo borregos...

Matías pegó un bote en la cama y abrió los ojos desorientado. Joder qué pesadilla más rara había tenido, fijo que le sentaron mal las morcillas que cenaron José y él después del partido. Había valido la pena el pastón del viaje para ver a España ganar.

domingo, 13 de julio de 2008

Pasteles y sexo

El olor de su cabello le traía reminiscencias de pastelerías e infancia. Aún no hacía ni cinco minutos que habían acabado sus movimientos y jadeos con una cálida eyaculación en su interior y Manuel ya dormía abrazando desde atrás su cuerpo delgado. El semen se escurría en hilillos por sus piernas y glúteos y se derramaba lentamente sobre la cama. Desde luego que no había mentido cuando le dijo que tenía "los huevos llenos de amor" y que se lo daría todo esa misma noche.

Se arrebujó con la manta y trató de dormir un poco. Ya se imaginaba a los compañeros al día siguiente con sus risitas y comentarios. Cerró los ojos y aspiró una bocanada de aire. Desde luego, cómo le recordaba a la pastelería de su tío, cuando le llevaba al almacén y le obligaba a chupársela en medio de ese olor a mantequilla rancia. Y ahora, tras la violación, Juan se acababa de convertir en la putita de Manuel "El Cantero", uno de los capos de esa cárcel.

sábado, 12 de julio de 2008

Campamento de verano

¡Qué pocas ganas tenía de quedarse el verano en la residencia! Todos los años anteriores se había ido con sus padres de vacaciones a la playa, a la montaña, a Europa... Le encantaba ir con sus padres, no como los demás chicos de clase, y nunca se había avergonzado de ellos.

Y, sin embargo, ahora que se encontraba a las puertas del verano, se sentía como una completa mierda. Este año tocaba mezclarse con chicos y chicas de toda España y que parecían aún más desilusionados que él ante las perspectivas de pasar juntos el verano. Lo que peor llevaba de todo era tener que aceptar que jamás podría volver a caminar.