Cada vez que salía al escenario le sudaban las manos a chorros y pensaba que se le iba a quebrar la voz al comenzar a cantar. Ya se oía la música de fondo, pronto empezaría el guitarra y el batería y seguirían en penumbra hasta que él saliese corriendo y se pusiera a cantar la primera estrofa del sencillo del disco que estaban promocionando.
Tres compases más y a correr. Salió dando grandes zancadas y llegó al centro del escenario cuando estalló la pirotecnia.
El concierto fue un exitazo. Le dio pena irse cuando la gente aún gritaba y pedía más y más, pero eran órdenes de su manager. En el camerino abrió una lata de cerveza, se tumbó en el sofá, y cerró los ojos para poder recordar. Qué tiempos cuando él estaba ahí abajo, con los demás, creyendo en la música...
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario