La caja de antibióticos estaba caducada desde hacía seis años. Miró de nuevo al anciano y la montaña de cajas de distintas medicinas que había traído en una bolsa muy arrugada de Mercadona y que había ido depositando cuidadosamente y con manos temblequeantes sobre la mesa. Era casi la hora del cierre y sus dos compañeros atendían a los últimos clientes que quedaban en la farmacia.
- Le digo que esta caja no se la hemos podido vender nosotros esta mañana. De veras; aquí llevamos un control muy estricto sobre los medicamentos -le repetía al viejo con una sonrisa.
- Pues seguro que en los abastos no me lo han vendido, joven -los ojos amarillentos y la piel arrugada y seca de aquel señor le producían una profunda tristeza-. Y su cara la he visto esta mañana. Seguro.
- Mire, ¿sabe lo que vamos a hacer? Yo le retiro la caja y usted me viene mañana con otra receta y, en vez de una, le doy dos cajas. ¿Le parece bien? -dijo esperanzada.
La boca del viejo pasó de ser una fina línea a entreabrirse y dejar ver unos dientes diminutos y amarillentos. Sin mediar palabra, se puso a guardar, una por una, las cajas dentro de la bolsa. A continuación, se dio la vuelta y salió tieso como una espiga a una tarde que casi había ennegrecido. Paula se le acercó y le apoyó la mano en el hombro y le dijo unas palabras de consuelo:
- No te preocupes, Maite. Tu padre no sufre. Venga, dame un abrazo.
Se lo dio.
viernes, 10 de agosto de 2007
jueves, 9 de agosto de 2007
Corricolari
Todos los días veía al corredor desde su ventana. Unos días llevaba camiseta blanca. Otros azul oscuro. Había también una naranja. Y otras dos amarillas de una empresa de fontanería y otra de azulejos. Pero el pantaloncito era siempre el mismo: uno rojo de aspecto satinado.
Hacía ya dos o tres meses que había cumplido los 90. Eso significaba que llevaba más de medio siglo atado a una silla de ruedas. Hasta su cuadragésimo cumpleaños le había gustado correr casi todos los días. Nunca había participado en una carrera, aborrecía a la gente, pero estaba convencido de que podía haber ganado más de una. Y luego vino el accidente...
Los tres celadores ya estaban preparados con la inyección y las correas. No podían prohibir que Oroitz, el chaval nuevo que venía con el cerebro fundido de Ketamina, se asomara a la ventana. Pero es que cada vez que veía pasar corriendo a alguien por la calle se ponía a gritar, a llorar y correr por la sala empujando a los demás internos contra las paredes.
Hacía ya dos o tres meses que había cumplido los 90. Eso significaba que llevaba más de medio siglo atado a una silla de ruedas. Hasta su cuadragésimo cumpleaños le había gustado correr casi todos los días. Nunca había participado en una carrera, aborrecía a la gente, pero estaba convencido de que podía haber ganado más de una. Y luego vino el accidente...
Los tres celadores ya estaban preparados con la inyección y las correas. No podían prohibir que Oroitz, el chaval nuevo que venía con el cerebro fundido de Ketamina, se asomara a la ventana. Pero es que cada vez que veía pasar corriendo a alguien por la calle se ponía a gritar, a llorar y correr por la sala empujando a los demás internos contra las paredes.
miércoles, 8 de agosto de 2007
Ortopedia
Simón fue el primero en ver la pierna ortopédica. El día anterior, que también pasaron jugando en la escombrera, no estaba. La cogió y la blandió en el aire como había visto hacer a muchos actores en las películas -con espadas-.
Nicola llegó medio minuto después. Simón parecía amenazar a Dios con una pierna y gritaba muchas palabras de las que no le dejaba decir su madre. Ella no se iba a chivar, pero como se enterase la madre de Simón la iba a tener buena.
Ikatz venía con ella, moviendo el rabo con verdadera alegría, saltando de un lado a otro como un gato cazando ratones y no como el cachorro de perro responsable que se esperaba que fuera. Mordió una tela roja que asomaba bajo una bañera volcada y tiró y tiró hasta que sacó una falda.
Los siguientes en llegar fueron los agentes Martínez y Dorta junto con La Cheli, la prostituta que había denunciado la desaparición de su compañera La Coja.
Nicola llegó medio minuto después. Simón parecía amenazar a Dios con una pierna y gritaba muchas palabras de las que no le dejaba decir su madre. Ella no se iba a chivar, pero como se enterase la madre de Simón la iba a tener buena.
Ikatz venía con ella, moviendo el rabo con verdadera alegría, saltando de un lado a otro como un gato cazando ratones y no como el cachorro de perro responsable que se esperaba que fuera. Mordió una tela roja que asomaba bajo una bañera volcada y tiró y tiró hasta que sacó una falda.
Los siguientes en llegar fueron los agentes Martínez y Dorta junto con La Cheli, la prostituta que había denunciado la desaparición de su compañera La Coja.
martes, 7 de agosto de 2007
22
22. Ese número la tenía obsesionada desde que de pequeñita le decían que eran los dos patitos y desde entonces lo veía aparecer continuamente en su vida. Que si el autobús que cogía para ir a trabajar, que si su móvil acababa en 22, el portal de enfrente, el dúo sacapuntas que veía en el 1, 2, 3 cuando sus padres aún vivían...
Ahora estaba sentada en una terraza, tomándose su tercera cerveza mientras mantenía a raya las lágrimas a base de cabreo. El reloj marcaba las 22:24, se le había pasado la hora que procuraba mirar todas las noches como talismán. Odiaba al psicólogo. Había ido para que le ayudase con un problema de ansiedad y se había emperrado en demostrarle que lo del 22 era sólo un autoengaño, que si se fijara en otro número seguramente podría encontrar otra serie de coincidencias y que debía dejar de obsesionarse con buscar ese número en todas partes. ¿Y qué coño sabía ese imbécil?
En el fondo ya daba igual. Le había vaciado en la cabeza el cargador de su Beretta. Calibre .22.
Ahora estaba sentada en una terraza, tomándose su tercera cerveza mientras mantenía a raya las lágrimas a base de cabreo. El reloj marcaba las 22:24, se le había pasado la hora que procuraba mirar todas las noches como talismán. Odiaba al psicólogo. Había ido para que le ayudase con un problema de ansiedad y se había emperrado en demostrarle que lo del 22 era sólo un autoengaño, que si se fijara en otro número seguramente podría encontrar otra serie de coincidencias y que debía dejar de obsesionarse con buscar ese número en todas partes. ¿Y qué coño sabía ese imbécil?
En el fondo ya daba igual. Le había vaciado en la cabeza el cargador de su Beretta. Calibre .22.
lunes, 6 de agosto de 2007
Miserable
El sobre no tenía remite. Aún así, decidió pagarle el importe que faltaba a la cartera. La carta estaba dirigida a la mujer a quien le había comprado el piso y el matasellos marcaba la fecha de la última nochebuena. Estuvo un buen rato asomada a la ventana, con el sobre en la mano. La anciana se había retirado a una residencia y no sabía nada de ella desde que se compró la casa hacía casi un año. ¿Debía abrir el sobre para ver si era algo importante? ¿Sería mejor llevárselo a la residencia?
La última idea le parecía bastante más excitante. Desde que enviudó casi no salía de casa y éste era un motivo suficientemente absurdo como para romper con su rutina de aislamiento. Aún así, pensó que sería mejor ver primero el contenido, por si las moscas. Cogió un vaso de agua, lo calentó hasta que hirvió en el microondas y ablandó el pegamento como había visto hacer en la televisión. Con los dedos temblorosos sacó un papel doblado por la mitad. Lo desdobló. Venía escrito algo de enhorabuena, de nosequé premios y de que llamara para confirmar.
Volvió a guardar el papel en el interior del sobre y lo pegó. Después buscó entre sus papeles, cogió su sombrero, y salió de casa con el sobre en la mano.
La última idea le parecía bastante más excitante. Desde que enviudó casi no salía de casa y éste era un motivo suficientemente absurdo como para romper con su rutina de aislamiento. Aún así, pensó que sería mejor ver primero el contenido, por si las moscas. Cogió un vaso de agua, lo calentó hasta que hirvió en el microondas y ablandó el pegamento como había visto hacer en la televisión. Con los dedos temblorosos sacó un papel doblado por la mitad. Lo desdobló. Venía escrito algo de enhorabuena, de nosequé premios y de que llamara para confirmar.
Volvió a guardar el papel en el interior del sobre y lo pegó. Después buscó entre sus papeles, cogió su sombrero, y salió de casa con el sobre en la mano.
domingo, 5 de agosto de 2007
Trascendencia
No era una piedra más. De acuerdo, había cientos, miles, millones como ella, pero ninguna era ella. Desde que tenía uso de razón había sido una piedra ejemplar con un comportamiento impecable. Nunca había hecho nada fuera de lugar -reconoció, eso sí, que tampoco lo hacían las demás piedras-. Se había pasado los últimos miles de años formando parte de una roca hasta que un buen día -un mal día, hacía mucho frío- una cuña de hielo hizo ¡crack! y rodó colina abajo hasta hacer ¡chof! y juntarse con otras piedras en el fondo de un arroyo. Luego fueron pasando los años y lentamente la caricia de las aguas fue redondeando sus curvas hasta dejarla así. Muchos años.
Hacía unas horas una retroexcavadora la sacó de su ensimismamiento y del río y la depositó junto a otras en un buen montón donde el agua escurrió hasta dejarla desnuda y con frío. ¿Era esa la otra vida?
El miércoles pasado pasó a formar parte del hormigón con el que un obrero desganado rellenaba un encofrado en el último piso del bloque de apartamentos que el cuñado del alcalde construía a pocos metros de la playa.
Hacía unas horas una retroexcavadora la sacó de su ensimismamiento y del río y la depositó junto a otras en un buen montón donde el agua escurrió hasta dejarla desnuda y con frío. ¿Era esa la otra vida?
El miércoles pasado pasó a formar parte del hormigón con el que un obrero desganado rellenaba un encofrado en el último piso del bloque de apartamentos que el cuñado del alcalde construía a pocos metros de la playa.
Formas
La mosca miraba su entorno con ojos de mosaico y no se enteraba. La rana miraba a la mosca con sendos discos rojos y tampoco se enteraba. La garza miraba a la rana con dos ojos anaranjados y no lo veía. El cocodrilo miraba a la garza a través de dos diminutas montañas que asomaban fuera del agua y tampoco lo veía.
En el cielo, una nube solitaria tenía la forma de Dios.
En el cielo, una nube solitaria tenía la forma de Dios.
viernes, 3 de agosto de 2007
Queso de cabra
Ese día no hubo aquelarre. Dos cabras estaban en celo y el diablo no apareció. A partir de esa noche todos conocieron sus nombres y sus vidas fueron más felices.
Las cabrillas, un par de años después, comenzaron a dar una leche que produjo los mejores quesos que los más ancianos recuerdan.
Las cabrillas, un par de años después, comenzaron a dar una leche que produjo los mejores quesos que los más ancianos recuerdan.
jueves, 2 de agosto de 2007
Melodías
Aquella tarde Vladimiro estaba muy contento. De camino al bar, hacía sonar las monedas en su bolsillo y tarareaba las canciones que solía cantar con sus amigos en las trincheras. De los seis que habían ido al frente, sólo el sobrevivió al dichoso bombardeo. Sólo pudo dar cristiana sepultura a Eufrasio, cuyo cuerpo llevó sobre sus espaldas durante casi dos kilómetros hasta un pueblo -del que ya era incapaz de recordar el nombre- donde un cura joven, armado con un crucifijo y una pala, le ayudó a enterrarlo. Los otros cuatro acabarían en alguna fosa común.
Eran ya muchos años sin ellos, demasiado tiempo hablando con los muertos. En el hospital una doctora, más triste que severa, le había comunicado que la metástasis le afectaba a todo el organismo. En breve se volverían a reunir los seis.
Eran ya muchos años sin ellos, demasiado tiempo hablando con los muertos. En el hospital una doctora, más triste que severa, le había comunicado que la metástasis le afectaba a todo el organismo. En breve se volverían a reunir los seis.
miércoles, 1 de agosto de 2007
Elementos y humanos
En las profundidades del océano existen lugares donde agua, fuego, tierra y aire se mezclan. No son sitios donde abunden los peces, crustáceos, cetáceos o cualquier otro tipo de animal. Sólo algunas bacterias se aprovechan de esa mezcla de fuerzas y ahí han creado su propio universo donde no tienen sentido ni el día ni la noche, ni el tiempo. Ni el ser humano.
Lugares así existen también en las mentes de quienes nutren sus pensamientos con sueños. Sólo así pueden estos crecer y realizarse a pesar del mundo.
Lugares así existen también en las mentes de quienes nutren sus pensamientos con sueños. Sólo así pueden estos crecer y realizarse a pesar del mundo.
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